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  • 16 Nov 2018
    La detección y confirmación del maltrato infantil exige siempre un proceso clínico de diagnóstico, es decir, la participación de un profesional de la salud. Los objetivos de la intervención médica en los casos de maltrato infantil son:establecer el diagnóstico, o la sospecha diagnóstica, instaurar el tratamiento necesario y asegurar la protección del pequeño. El diagnóstico es, pues, un elemento sustancial del tratamiento integral del maltrato infantil. Junto a ello, podría añadirse la labor de prevención y detección precoz del riesgo que puede llevarse a cabo también desde los servicios de salud, especialmente, de Atención Primaria, por el directo contacto de los profesionales sanitarios con el menor a través de las consultas programadas durante la infancia y por su habitual contacto con la familia del menor. Cuando hablamos de violencia sobre el menor, hablamos, por tanto, de la necesidad de un diagnóstico clínico a partir de los signos y síntomas a través de los que suele expresarse tal violencia. Aunque el proceso de diagnóstico puede derivar de diferentes motivos, en todos los casos, los pasos a seguir serán los mismos que en cualquier acto médico (anamnesis, exploración física, exámenes complementarios y tratamiento). Debe sujetarse a la misma actividad intelectual ordenada que se da en cualquier diagnóstico de una enfermedad: del síntoma al signo, del signo al síndrome y del síndrome a la enfermedad. La única diferencia estriba en que si el diagnóstico es de maltrato o de sospecha de maltrato, el profesional estará obligado a asegurar la protección del menor y a comunicarlo a las Autoridades judiciales. Como tal proceso de diagnóstico conlleva necesariamente un riesgo para el profesional derivado de los posibles errores que puedan cometerse, tanto cuando no se acierta diagnosticando algo que realmente ha ocurrido, como cuando se diagnostica algo que no tuvo lugar, sino que es consecuencia de hechos ajenos a un acto de violencia como puede ser una patología que sufre el menor que deje heridas similares a las que ocasiona la violencia. El error puede ser por defecto o por exceso. Incluso, este último supuesto es más frecuente de lo que pueda creerse, y ello, como consecuencia del fenómeno de la medicina defensiva que provoca que el profesional, ante el temor a ser demandado judicialmente, prefiere optar por considerar que el menor ha sido objeto de un acto de violencia, aun cuando los correspondientes signos sean poco expresivos y puedan enmarcarse en otro proceso clínico diferente. Tan importante es no etiquetar a unos padres inocentes como “maltratadores”, como el no diagnosticar los malos tratos cuando estos son una realidad. Los accidentes casuales en estas tempranas edades de la vida son frecuentes y es, por tanto, necesario hacer una cuidadosa evaluación de su etiología. El diagnóstico es muchas veces difícil, ya que los padres suelen tardar en llevar al niño al médico, y es característico que las consultas se hagan sucesivamente en centros distintos para no levantar sospechas. El diagnóstico de abuso infantil tiene, además, enormes implicaciones sociales, psicológicas y legales para las familias. Además, el proceso es en muchas ocasiones especialmente complejo porque el maltrato no es sólo físico, sino también psíquico y emocional, sin lesiones o secuelas físicas. Los medios de comunicación han incrementado, obviamente sin intención, los casos de sobrediagnóstico al dar a conocer a la opinión pública diferentes casos. Véase, el caso ocurrido este verano en Valladolid en el que una menor de cuatro años falleció en el Hospital Clínico de dicha ciudad tras ingresar en parada cardiorrespiratoria como consecuencia de los presuntos malos tratos que le habían sido afligidos por un miembro de su familia. Un ejemplo paradigmático de las dificultades que presenta el diagnóstico del maltrato infantil lo encontramos en el denominado síndrome del bebé zarandeado, cuyos signos (la denominada triada: hemorragia en las retinas de los ojos, sangrado bajo la materia dural del cerebro -hematoma subdural- e hinchazón cerebral, todo ello, en ausencia de un accidente reciente u otra explicación clara de las lesiones) pueden corresponderse con diferentes etiologías ajenas a un acto de violencia o, en ocasiones, con enfermedades de base no determinantes sino tan sólo facilitadoras de las lesiones. Puede afirmarse, por tanto, que tal diagnóstico no se encuentra al margen del incremento de la denominada medicina defensiva. Por ello, es importante desarrollar diferentes estrategias, algunas de las cuales ya están siendo implementadas por nuestros poderes públicos. En concreto, entendemos que revisten especial importancia tres: en primer lugar, la estrategia de formación de los profesionales no sólo en el correcto manejo clínico de estos casos, sino también en su adecuado manejo legal. Es importante formar a los profesionales con el fin de poder transmitirles tranquilidad a través de un correcto manejo ético-legal de estas complejas situaciones. En segundo lugar, la protocolización del proceso de prevención, diagnóstico e intervención es también una herramienta indispensable porque permite, a través de la medicina basada en la evidencia, orientar al profesional. Además, los protocolos cumplen una doble función de ayudar y también de formar. Junto a estas dos, pueden implementarse otras como serían las de promover sistemas de responsabilidad objetiva de manera que la reparación del posible daño sufrido por el menor o su familia como consecuencia del error no exigiera enjuiciar la conducta del profesional, o sistemas alternativos de resolución de conflictos como la mediación o el arbitraje. En relación a esta última propuesta, la aparición de figuras como la mediación en el campo de la responsabilidad sanitaria responde no sólo a la incapacidad de los mecanismos jurisdiccionales clásicos para resolver satisfactoriamente esta clase de conflictos, sino también al nulo aprendizaje, experiencia o políticas de prevención de riesgos y daños o mejoras de proceso. En definitiva, cualquier propuesta normativa que pretenda formularse o instarse en este complejo y difícil ámbito del maltrato infantil creemos que debe tener en cuenta el relevante papel que tienen atribuido los profesionales sanitarios y las consecuencias que la medicina defensiva y el temor a la reclamación judicial puede estar ocasionando en su conducta, porque, como conclusión, podría afirmarse que protegiendo a los profesionales sanitarios se acaba por proteger al propio menor, lo que es el objetivo fundamental.   Consulte el artículo en: Diario Médico https://www.diariomedico.com/autores/federico-de-montalvo/maltrado-infantil-y-medicina-defensiva-proteger-al-profesional-para-proteger-al-menor.html  
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  • La detección y confirmación del maltrato infantil exige siempre un proceso clínico de diagnóstico, es decir, la participación de un profesional de la salud. Los objetivos de la intervención médica en los casos de maltrato infantil son:establecer el diagnóstico, o la sospecha diagnóstica, instaurar el tratamiento necesario y asegurar la protección del pequeño. El diagnóstico es, pues, un elemento sustancial del tratamiento integral del maltrato infantil. Junto a ello, podría añadirse la labor de prevención y detección precoz del riesgo que puede llevarse a cabo también desde los servicios de salud, especialmente, de Atención Primaria, por el directo contacto de los profesionales sanitarios con el menor a través de las consultas programadas durante la infancia y por su habitual contacto con la familia del menor. Cuando hablamos de violencia sobre el menor, hablamos, por tanto, de la necesidad de un diagnóstico clínico a partir de los signos y síntomas a través de los que suele expresarse tal violencia. Aunque el proceso de diagnóstico puede derivar de diferentes motivos, en todos los casos, los pasos a seguir serán los mismos que en cualquier acto médico (anamnesis, exploración física, exámenes complementarios y tratamiento). Debe sujetarse a la misma actividad intelectual ordenada que se da en cualquier diagnóstico de una enfermedad: del síntoma al signo, del signo al síndrome y del síndrome a la enfermedad. La única diferencia estriba en que si el diagnóstico es de maltrato o de sospecha de maltrato, el profesional estará obligado a asegurar la protección del menor y a comunicarlo a las Autoridades judiciales. Como tal proceso de diagnóstico conlleva necesariamente un riesgo para el profesional derivado de los posibles errores que puedan cometerse, tanto cuando no se acierta diagnosticando algo que realmente ha ocurrido, como cuando se diagnostica algo que no tuvo lugar, sino que es consecuencia de hechos ajenos a un acto de violencia como puede ser una patología que sufre el menor que deje heridas similares a las que ocasiona la violencia. El error puede ser por defecto o por exceso. Incluso, este último supuesto es más frecuente de lo que pueda creerse, y ello, como consecuencia del fenómeno de la medicina defensiva que provoca que el profesional, ante el temor a ser demandado judicialmente, prefiere optar por considerar que el menor ha sido objeto de un acto de violencia, aun cuando los correspondientes signos sean poco expresivos y puedan enmarcarse en otro proceso clínico diferente. Tan importante es no etiquetar a unos padres inocentes como “maltratadores”, como el no diagnosticar los malos tratos cuando estos son una realidad. Los accidentes casuales en estas tempranas edades de la vida son frecuentes y es, por tanto, necesario hacer una cuidadosa evaluación de su etiología. El diagnóstico es muchas veces difícil, ya que los padres suelen tardar en llevar al niño al médico, y es característico que las consultas se hagan sucesivamente en centros distintos para no levantar sospechas. El diagnóstico de abuso infantil tiene, además, enormes implicaciones sociales, psicológicas y legales para las familias. Además, el proceso es en muchas ocasiones especialmente complejo porque el maltrato no es sólo físico, sino también psíquico y emocional, sin lesiones o secuelas físicas. Los medios de comunicación han incrementado, obviamente sin intención, los casos de sobrediagnóstico al dar a conocer a la opinión pública diferentes casos. Véase, el caso ocurrido este verano en Valladolid en el que una menor de cuatro años falleció en el Hospital Clínico de dicha ciudad tras ingresar en parada cardiorrespiratoria como consecuencia de los presuntos malos tratos que le habían sido afligidos por un miembro de su familia. Un ejemplo paradigmático de las dificultades que presenta el diagnóstico del maltrato infantil lo encontramos en el denominado síndrome del bebé zarandeado, cuyos signos (la denominada triada: hemorragia en las retinas de los ojos, sangrado bajo la materia dural del cerebro -hematoma subdural- e hinchazón cerebral, todo ello, en ausencia de un accidente reciente u otra explicación clara de las lesiones) pueden corresponderse con diferentes etiologías ajenas a un acto de violencia o, en ocasiones, con enfermedades de base no determinantes sino tan sólo facilitadoras de las lesiones. Puede afirmarse, por tanto, que tal diagnóstico no se encuentra al margen del incremento de la denominada medicina defensiva. Por ello, es importante desarrollar diferentes estrategias, algunas de las cuales ya están siendo implementadas por nuestros poderes públicos. En concreto, entendemos que revisten especial importancia tres: en primer lugar, la estrategia de formación de los profesionales no sólo en el correcto manejo clínico de estos casos, sino también en su adecuado manejo legal. Es importante formar a los profesionales con el fin de poder transmitirles tranquilidad a través de un correcto manejo ético-legal de estas complejas situaciones. En segundo lugar, la protocolización del proceso de prevención, diagnóstico e intervención es también una herramienta indispensable porque permite, a través de la medicina basada en la evidencia, orientar al profesional. Además, los protocolos cumplen una doble función de ayudar y también de formar. Junto a estas dos, pueden implementarse otras como serían las de promover sistemas de responsabilidad objetiva de manera que la reparación del posible daño sufrido por el menor o su familia como consecuencia del error no exigiera enjuiciar la conducta del profesional, o sistemas alternativos de resolución de conflictos como la mediación o el arbitraje. En relación a esta última propuesta, la aparición de figuras como la mediación en el campo de la responsabilidad sanitaria responde no sólo a la incapacidad de los mecanismos jurisdiccionales clásicos para resolver satisfactoriamente esta clase de conflictos, sino también al nulo aprendizaje, experiencia o políticas de prevención de riesgos y daños o mejoras de proceso. En definitiva, cualquier propuesta normativa que pretenda formularse o instarse en este complejo y difícil ámbito del maltrato infantil creemos que debe tener en cuenta el relevante papel que tienen atribuido los profesionales sanitarios y las consecuencias que la medicina defensiva y el temor a la reclamación judicial puede estar ocasionando en su conducta, porque, como conclusión, podría afirmarse que protegiendo a los profesionales sanitarios se acaba por proteger al propio menor, lo que es el objetivo fundamental.   Consulte el artículo en: Diario Médico https://www.diariomedico.com/autores/federico-de-montalvo/maltrado-infantil-y-medicina-defensiva-proteger-al-profesional-para-proteger-al-menor.html  
    Nov 16, 2018 14
  • 16 Nov 2018
    Más de 3.000 niños mueren por día por complicaciones del nacimiento prematuro $250 millones para Programas de Investigación sobre Nacimientos Prematuros Serán Anunciados en el Día del Nacimiento Prematuro Por primera vez en la historia, las complicaciones del nacimiento prematuro superaron a todas las otras causas, siendo la principal causa de mortalidad infantil en el mundo. De las 6.3 millones muertes estimadas de niños menores de cinco años en 2013, las complicaciones del nacimiento prematuro representaron casi 1.1 millones de muertes, según nuevos hallazgos publicados recientemente en The Lancet por un equipo de investigación coordinado por el Dr. Robert Black, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Escuela de Higiene & Medicina Tropical de Londres. Específicamente, las complicaciones directas del nacimiento prematuro representaron 965.000 muertes durante los primeros 28 días de vida, con unas 125.000 muertes adicionales entre el primer mes y los cinco años. Otras causas principales de muertes de niños pequeños incluyen la neumonía, que mató a 935.000 niños menores de cinco años y complicaciones relacionadas con el nacimiento, que causaron 720.000 muertes (662.000 en el periodo neonatal, la mayoría en el primer día de vida, y 58.000 en el periodo post-neonatal). “Esto marca un cambio de rumbo, una transición de condiciones relacionadas a infecciones neonatales, especialmente aquellas relacionadas con los nacimientos prematuros, que requerirá enfoques médicos y de salud pública totalmente diferentes,” dice la Dra. Joy Lawn, de la Escuela de Higiene & Medicina Tropical de Londres, miembro del equipo de investigación y asesora de la organización Save the Children. “El éxito que hemos visto en la continua lucha contra las enfermedades infecciosas demuestra que también podemos tener éxito si invertimos en prevención y atención al nacimiento prematuro”. Innovadora investigación para descubrir por qué se producen los nacimientos prematuros está ya en marcha. Estos esfuerzos sin precedentes, respaldados por $250 millones de dólares en nuevos fondos, involucran a más de 200 investigadores y se esperan que identifiquen maneras de prevenir o aliviar este problema de salud mundial dentro de tres a cinco años, salvando incontables vidas de niños y niñas. Los países con el mayor número de muertes anuales de recién nacidos por complicaciones del nacimiento prematuros son: India (361.600), Nigeria (98.300), Pakistán (75.000), República 2 – Día Mundial del Nacimiento Prematuro Democrática del Congo (40.600), China (37.200), Bangladesh (26.100), Indonesia (25.800), Etiopía (24.400), Angola (15.900) y Kenia (13.300). Los 10 países con el porcentaje más alto de mortalidad infantil en niños menores de cinco años por complicaciones del nacimiento prematuro son: Macedonia, 51.0 por ciento; Eslovenia, 47.5 por ciento; Dinamarca, 43.0 por ciento; Serbia, 39.8 por ciento; el Reino Unido, 38.7 por ciento; Hungría, 37.4 por ciento; Eslovaquia, 34.9 por ciento; Polonia, 34.8 por ciento; República de Corea y Suiza, 32.7 por ciento. Todos estos porcentajes superan el promedio global de 17.4 por ciento de muertes en niños menores de cinco años, en parte debido al éxito en la reducción de enfermedades infecciosas. En total, unos 35,000 niños y niñas mueren cada año en América Latina por complicaciones del nacimiento prematuro. Brasil encabeza la lista de países con el mayor número de bebés que mueren por complicaciones del parto prematuro en la región, con 9.000 cada año, seguido por México (6.000), Colombia (3.500), Argentina (2.400), Venezuela (2.200), Perú (2.000), Guatemala (1.900), Bolivia (1.600), Ecuador (1.500) y Honduras (1.100). En América Latina, las tasas de mortalidad infantil en menores de cinco años por complicaciones del nacimiento prematuro son: Costa Rica y Chile, 27.2 y 27.1 por ciento, respectivamente; Argentina, 26.0 por ciento; Venezuela, 24.6 por ciento; Honduras y Paraguay, 24 y 23.9 por ciento, respectivamente; Colombia, 23.1 por ciento; Brasil, 21.9 por ciento; Nicaragua, 20.6 por ciento; Ecuador y Perú, 19.7 y 19.6 por ciento respectivamente; México, 18.5 por ciento; Uruguay, 17.6 por ciento; El Salvador, 17.5 por ciento; Panamá, 15.9 por ciento; Bolivia, 15.3 por ciento; y Guatemala, 12.6 por ciento.   Consulte el artículo en: UNICEF https://www.unicef.org/venezuela/spanish/Dia_Mundial_del_Nacimiento_Prematuro_CdP_Conjunto.pdf
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  • Más de 3.000 niños mueren por día por complicaciones del nacimiento prematuro $250 millones para Programas de Investigación sobre Nacimientos Prematuros Serán Anunciados en el Día del Nacimiento Prematuro Por primera vez en la historia, las complicaciones del nacimiento prematuro superaron a todas las otras causas, siendo la principal causa de mortalidad infantil en el mundo. De las 6.3 millones muertes estimadas de niños menores de cinco años en 2013, las complicaciones del nacimiento prematuro representaron casi 1.1 millones de muertes, según nuevos hallazgos publicados recientemente en The Lancet por un equipo de investigación coordinado por el Dr. Robert Black, de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, junto con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Escuela de Higiene & Medicina Tropical de Londres. Específicamente, las complicaciones directas del nacimiento prematuro representaron 965.000 muertes durante los primeros 28 días de vida, con unas 125.000 muertes adicionales entre el primer mes y los cinco años. Otras causas principales de muertes de niños pequeños incluyen la neumonía, que mató a 935.000 niños menores de cinco años y complicaciones relacionadas con el nacimiento, que causaron 720.000 muertes (662.000 en el periodo neonatal, la mayoría en el primer día de vida, y 58.000 en el periodo post-neonatal). “Esto marca un cambio de rumbo, una transición de condiciones relacionadas a infecciones neonatales, especialmente aquellas relacionadas con los nacimientos prematuros, que requerirá enfoques médicos y de salud pública totalmente diferentes,” dice la Dra. Joy Lawn, de la Escuela de Higiene & Medicina Tropical de Londres, miembro del equipo de investigación y asesora de la organización Save the Children. “El éxito que hemos visto en la continua lucha contra las enfermedades infecciosas demuestra que también podemos tener éxito si invertimos en prevención y atención al nacimiento prematuro”. Innovadora investigación para descubrir por qué se producen los nacimientos prematuros está ya en marcha. Estos esfuerzos sin precedentes, respaldados por $250 millones de dólares en nuevos fondos, involucran a más de 200 investigadores y se esperan que identifiquen maneras de prevenir o aliviar este problema de salud mundial dentro de tres a cinco años, salvando incontables vidas de niños y niñas. Los países con el mayor número de muertes anuales de recién nacidos por complicaciones del nacimiento prematuros son: India (361.600), Nigeria (98.300), Pakistán (75.000), República 2 – Día Mundial del Nacimiento Prematuro Democrática del Congo (40.600), China (37.200), Bangladesh (26.100), Indonesia (25.800), Etiopía (24.400), Angola (15.900) y Kenia (13.300). Los 10 países con el porcentaje más alto de mortalidad infantil en niños menores de cinco años por complicaciones del nacimiento prematuro son: Macedonia, 51.0 por ciento; Eslovenia, 47.5 por ciento; Dinamarca, 43.0 por ciento; Serbia, 39.8 por ciento; el Reino Unido, 38.7 por ciento; Hungría, 37.4 por ciento; Eslovaquia, 34.9 por ciento; Polonia, 34.8 por ciento; República de Corea y Suiza, 32.7 por ciento. Todos estos porcentajes superan el promedio global de 17.4 por ciento de muertes en niños menores de cinco años, en parte debido al éxito en la reducción de enfermedades infecciosas. En total, unos 35,000 niños y niñas mueren cada año en América Latina por complicaciones del nacimiento prematuro. Brasil encabeza la lista de países con el mayor número de bebés que mueren por complicaciones del parto prematuro en la región, con 9.000 cada año, seguido por México (6.000), Colombia (3.500), Argentina (2.400), Venezuela (2.200), Perú (2.000), Guatemala (1.900), Bolivia (1.600), Ecuador (1.500) y Honduras (1.100). En América Latina, las tasas de mortalidad infantil en menores de cinco años por complicaciones del nacimiento prematuro son: Costa Rica y Chile, 27.2 y 27.1 por ciento, respectivamente; Argentina, 26.0 por ciento; Venezuela, 24.6 por ciento; Honduras y Paraguay, 24 y 23.9 por ciento, respectivamente; Colombia, 23.1 por ciento; Brasil, 21.9 por ciento; Nicaragua, 20.6 por ciento; Ecuador y Perú, 19.7 y 19.6 por ciento respectivamente; México, 18.5 por ciento; Uruguay, 17.6 por ciento; El Salvador, 17.5 por ciento; Panamá, 15.9 por ciento; Bolivia, 15.3 por ciento; y Guatemala, 12.6 por ciento.   Consulte el artículo en: UNICEF https://www.unicef.org/venezuela/spanish/Dia_Mundial_del_Nacimiento_Prematuro_CdP_Conjunto.pdf
    Nov 16, 2018 33
  • 15 Nov 2018
    Durante el XVIII Congreso Nacional de Cardiología de la Asociación Nacional de Cardiología de México, se dio a conocer que siete de cada diez adultos tienen al menos un factor de riesgo cardiovascular, como dislipidemia, hipertensión, diabetes u obesidad. La dieta influye mucho en el aumento de los niveles de colesterol debido al poco equilibrio en la alimentación que mantiene la población adulta. Tener sobrepeso, una dieta rica en grasas y la vida sedentaria pueden ser factores que definan niveles desfavorables de colesterol en la sangre. Por otro lado el tabaquismo es un factor que influye de manera negativa en los niveles de colesterol ya que impacta en la reducción de HDL. Es recomendable para los pacientes masculinos a partir de los 35 años y para las mujeres a partir de los 45, la realización de un estudio de medición de cifras de colesterol. Mismo estudio es recomendado para hombres y mujeres mayores de 20 años que presenten factores de riesgo de enfermedades cardíacas. El insistir a los pacientes sobre los buenos hábitos alimenticios y la actividad física es fundamental para prevenir complicaciones. Las cifras dadas a conocer fueron de casos en Mérida pero valdría la pena hacer la reflexión para todo el país dado que las condiciones de dieta y estilo de vida son similares en todo el país. FUENTE: https://sipse.com/milenio/en-yucatan-siete-de-cada-diez-adultos-tiene-al-menos-un-factor-de-riesgo-cardiovascular-315253.html  
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  • Durante el XVIII Congreso Nacional de Cardiología de la Asociación Nacional de Cardiología de México, se dio a conocer que siete de cada diez adultos tienen al menos un factor de riesgo cardiovascular, como dislipidemia, hipertensión, diabetes u obesidad. La dieta influye mucho en el aumento de los niveles de colesterol debido al poco equilibrio en la alimentación que mantiene la población adulta. Tener sobrepeso, una dieta rica en grasas y la vida sedentaria pueden ser factores que definan niveles desfavorables de colesterol en la sangre. Por otro lado el tabaquismo es un factor que influye de manera negativa en los niveles de colesterol ya que impacta en la reducción de HDL. Es recomendable para los pacientes masculinos a partir de los 35 años y para las mujeres a partir de los 45, la realización de un estudio de medición de cifras de colesterol. Mismo estudio es recomendado para hombres y mujeres mayores de 20 años que presenten factores de riesgo de enfermedades cardíacas. El insistir a los pacientes sobre los buenos hábitos alimenticios y la actividad física es fundamental para prevenir complicaciones. Las cifras dadas a conocer fueron de casos en Mérida pero valdría la pena hacer la reflexión para todo el país dado que las condiciones de dieta y estilo de vida son similares en todo el país. FUENTE: https://sipse.com/milenio/en-yucatan-siete-de-cada-diez-adultos-tiene-al-menos-un-factor-de-riesgo-cardiovascular-315253.html  
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