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Medicina General 76 views May 11, 2022
Medidas no farmacológicas para el abordaje terapéutico de la insuficiencia cardiaca

La insuficiencia cardiaca (IC) constituye un problema creciente de salud pública.

La incidencia, prevalencia y morbimortalidad asociada a este síndrome es elevada y constituye el paradigma del paciente crónico que sufre frecuentes descompensaciones. La IC puede producirse por cualquier situación que someta al corazón a una carga de trabajo demasiado alta durante cierto período, por una disfunción del músculo cardíaco o por ambas cosas.

La hipertensión y la cardiopatía sistémica se consideran los principales factores causales. Pero también por origenes subyacentes, como la cardiopatía coronaria, valvulopatías y enfermedades del pericardio o de los grandes vasos.

Para el diagnóstico de IC crónica, se recomienda el uso de elementos habituales en la práctica diaria, incluyendo signos, síntomas, antecedentes, electrocardiograma, péptidos natriuréticos (BNP/NT-proBNP), radiografía de tórax, laboratorio de rutina y ecocardiograma. Este último permite identificar el fenotipo de función del VI, que será finalmente lo que guiará el tratamiento.

 

El primer paso en el tratamiento es la prevención de los factores precipitantes que se han indicado con anterioridad, uno de los más destacables es la toma de fármacos del grupo de los antiinflamatorios no esteorideos, por la alta frecuencia de su consumo. Por lo anterior, la falta de control en las medidas de base provoca, en numerosas ocasiones, ingresos hospitalarios por desestabilización, aunado a esto dentro de las pautas no farmacológicas debemos considerar los siguientes puntos:

  • La dieta juega un papel importante dentro del tratamiento de la IC por lo cual se aconseja restringir la ingesta de sodio (<3 g/día) en casos de IC leve o moderada. Esta restricción se puede cumplir evitando el consumo de alimentos precocinados, conservas, embutidos, papas fritas, cocinando con poca sal y no añadiendo sal a los alimentos cocinados. Respecto a la avanzada, descompensada o aquellas que requieren dosis altas de diuréticos; la cantidad recomendada puede ser menor. En casos de IC avanzada, desestabilizada, con mala respuesta a los diuréticos o hiponatremia dilucional, se recomienda reducir la ingesta de agua a menos de 1,5 al día.

 

  • Otro elemento importante a considerar con los pacientes, es vigilar los aumentos de peso de 2 o más kg en 3 días o menos, ya que pueden indicar una retención hídrica. También son síntoma de alarma los edemas periféricos y las dificultades al respirar.  Los cambios climáticos tienen que compensarse con la ingesta adecuada de líquidos. De esta manera, el ejercicio físico de tipo isométrico debe desaconsejarse. Porque es necesario evitar el estrés emocional e incluso valorar, en caso necesario, el tratamiento con fármacos ansiolíticos cuando el estrés se asocia a ansiedad e insomnio.

 

  • En cuanto al ejercicio físico la disminución de la actividad física sólo se recomienda cuando se producen desestabilizaciones o en casos de IC avanzada. En el resto de situaciones se desaconseja el reposo, ya que favorece la atrofia muscular. Además, un programa de ejercicio físico suave y regular incrementa la tolerancia al esfuerzo y es beneficioso para aquellos pacientes con un grado de compensación aceptable, ya que el permanecer sentado durante mucho tiempo favorece el riesgo de trombosis venosa profunda.

 

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