Inicio
Eventos
Cursos
Blogs
Webinars
Menú
28 de octubre de 2026 Publicado por LiveMed Colaboración: Mtra. Luz Alejandra Cano Collado 15
Accidente cerebrovascular: reconocer los signos de alarma y actuar a tiempo

El accidente cerebrovascular (ACV), también conocido como enfermedad vascular cerebral (EVC), es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Su impacto trasciende la atención hospitalaria: puede transformar la vida de una persona, comprometer la autonomía, generar necesidades prolongadas de rehabilitación y afectar profundamente a sus familias y comunidades.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2021 se registraron aproximadamente 11.9 millones de casos nuevos de accidente cerebrovascular en el mundo. Además, se estima que una de cada cuatro personas adultas mayores de 25 años experimentará un ACV a lo largo de su vida. Estas cifras dimensionan un problema que requiere tanto capacidad de respuesta clínica como estrategias sostenidas de prevención.

Sin embargo, el desenlace no depende únicamente de la gravedad del evento. Reconocer los síntomas, solicitar atención de emergencia sin demora y acceder a servicios capaces de realizar un diagnóstico y tratamiento oportunos son componentes fundamentales de la respuesta sanitaria.


Una mirada epidemiológica: ¿por qué importa el ACV?

La carga del accidente cerebrovascular representa un desafío para los sistemas de salud debido a su frecuencia, mortalidad y consecuencias funcionales. Sus efectos pueden extenderse durante años, particularmente cuando persisten alteraciones del lenguaje, la movilidad, la deglución o las funciones cognitivas.

En México, las estadísticas de defunciones registradas de 2023 contabilizaron 34,469 muertes por enfermedades cerebrovasculares, de acuerdo con cifras definitivas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Estas cifras muestran que la enfermedad cerebrovascular constituye un problema relevante de salud pública. También invitan a considerar tres dimensiones:

  • Prevención: identificar y controlar los factores de riesgo antes de que ocurra el evento.

  • Atención oportuna: reducir los retrasos entre el inicio de los síntomas, el reconocimiento del problema y la llegada a un servicio de urgencias.

  • Continuidad de la atención: facilitar la rehabilitación, el seguimiento clínico y la prevención secundaria para reducir el riesgo de recurrencia.

Desde esta perspectiva, el ACV no debe abordarse exclusivamente como una urgencia neurológica, sino como una condición que exige acciones coordinadas a lo largo de todo el continuo de atención.

El ACV ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una región del cerebro o cuando se produce una hemorragia intracraneal. La lesión resultante puede comprometer funciones neurológicas esenciales y ocasionar secuelas permanentes.

Se distinguen dos grandes tipos:

  • ACV isquémico: se produce por la obstrucción de un vaso sanguíneo cerebral.

  • ACV hemorrágico: ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca sangrado.

Ambos requieren evaluación urgente, aunque su tratamiento puede ser diferente. Por ello, los síntomas por sí solos no permiten establecer con certeza el tipo de evento: se necesita valoración clínica y neuroimagen para orientar el diagnóstico y el manejo.


Signos de alarma: cómo reconocer un ACV

La aparición súbita de alteraciones neurológicas debe considerarse una señal de alarma. Entre los principales síntomas se encuentran:

  • Debilidad o pérdida de sensibilidad en la cara, el brazo o la pierna, especialmente de un solo lado del cuerpo.

  • Asimetría facial o desviación de la boca.

  • Dificultad para hablar, articular palabras o comprender el lenguaje.

  • Pérdida repentina de la visión o visión doble.

  • Mareo intenso, pérdida del equilibrio o dificultad para caminar.

  • Cefalea súbita e intensa sin una causa aparente, especialmente si se acompaña de otros síntomas neurológicos.

Una herramienta útil para recordar algunas manifestaciones es el acrónimo BE-FAST:

  • B — Balance: pérdida súbita del equilibrio.

  • E — Eyes: cambios repentinos en la visión.

  • F — Face: asimetría facial.

  • A — Arms: debilidad en uno de los brazos.

  • S — Speech: alteraciones del habla.

  • T — Time: actuar de inmediato y solicitar ayuda de emergencia.

Es importante recordar que no todas las personas presentan los mismos síntomas. La ausencia de asimetría facial o de dificultades del habla no descarta un ACV.

Ante la aparición repentina de uno o más signos de alarma, la conducta debe ser inmediata:

  1. Activar los servicios de emergencia. En México, llamar al 911.

  2. Registrar la hora de inicio de los síntomas o la última vez que se observó a la persona sin alteraciones. Este dato puede influir en las decisiones terapéuticas.

  3. No esperar a que los síntomas desaparezcan. Incluso si mejoran espontáneamente, pueden indicar un evento vascular transitorio que requiere evaluación urgente.

  4. No administrar alimentos, bebidas ni medicamentos por cuenta propia. Puede existir alteración de la deglución y algunos tratamientos pueden resultar inadecuados sin conocer el tipo de evento.

  5. Facilitar el traslado a un servicio de urgencias con capacidad para realizar la evaluación diagnóstica y proporcionar el tratamiento indicado.

La atención temprana puede permitir que algunas personas sean candidatas a tratamientos de reperfusión, como la trombólisis intravenosa o la trombectomía mecánica, según el tipo de ACV, el tiempo transcurrido, los hallazgos de imagen y los criterios clínicos correspondientes.


Prevención: intervenir antes de la emergencia

Una parte importante de la carga del ACV se relaciona con factores de riesgo modificables. Entre ellos destacan la hipertensión arterial, el tabaquismo, la diabetes, las alteraciones de los lípidos, la inactividad física, la alimentación poco saludable y determinadas enfermedades cardiovasculares, como la fibrilación auricular. 

Desde el primer nivel de atención, las acciones prioritarias incluyen:

  • Detectar y controlar la hipertensión arterial.

  • Evaluar el riesgo cardiovascular de manera integral.

  • Favorecer el abandono del tabaco y la actividad física regular.

  • Promover una alimentación saludable, con atención al consumo de sodio.

  • Identificar y tratar oportunamente la diabetes y las dislipidemias.

  • Detectar condiciones cardiovasculares que requieran tratamiento específico.

  • Promover la adherencia terapéutica y el seguimiento longitudinal.

La prevención no debe limitarse a recomendar cambios individuales. También requiere entornos que faciliten el acceso a alimentos saludables, espacios seguros para la actividad física, medicamentos esenciales y servicios de atención primaria accesibles y resolutivos.


El reto de salud pública: del reconocimiento a la atención efectiva

Saber reconocer los síntomas es indispensable, pero no suficiente. Para que la atención oportuna se traduzca en mejores resultados, deben funcionar de manera coordinada la comunidad, los servicios prehospitalarios y las unidades hospitalarias.

La educación para la salud puede ayudar a reducir el tiempo que transcurre antes de solicitar asistencia. A su vez, los sistemas de atención necesitan protocolos de referencia, disponibilidad de neuroimagen, equipos capacitados y rutas de atención que minimicen retrasos evitables.

En este contexto, los profesionales de medicina general tienen un papel estratégico: identificar factores de riesgo, educar a las personas y sus familias, reconocer manifestaciones de alarma y reforzar que la sospecha de un ACV requiere atención inmediata.

Las campañas de comunicación también deben considerar las barreras sociales, económicas, geográficas y culturales que pueden retrasar la búsqueda de atención. No todas las personas cuentan con las mismas oportunidades para reconocer los síntomas o llegar a un servicio especializado.


Mensajes clave para la práctica clínica

  • El ACV es una emergencia tiempo-dependiente.

  • Los síntomas suelen aparecer de forma súbita y pueden incluir alteraciones motoras, sensitivas, visuales, del lenguaje o del equilibrio.

  • La mejoría espontánea de los síntomas no elimina la necesidad de una evaluación urgente.

  • La hora de inicio o la última vez que la persona fue vista sin síntomas debe registrarse.

  • El control de los factores de riesgo y la prevención secundaria son esenciales para reducir la carga de la enfermedad.

  • La educación comunitaria y la organización de los servicios forman parte de la respuesta sanitaria.

Conclusión

El accidente cerebrovascular constituye un desafío clínico y de salud pública que exige prevención, reconocimiento temprano y atención coordinada. Cada persona que identifica una señal de alarma y solicita ayuda sin demora puede contribuir a acortar el tiempo hasta la evaluación médica.

Fortalecer la educación para la salud, mejorar el control de los factores de riesgo y garantizar rutas de atención oportunas son acciones complementarias. La meta no es únicamente sobrevivir al evento, sino reducir la discapacidad prevenible y favorecer la recuperación y la calidad de vida.

Reconocer los signos de alarma y actuar a tiempo puede cambiar el curso de un accidente cerebrovascular.

Referencias

  1. World Health Organization. Stroke [Internet]. Geneva: WHO; 2025 Dec 19 [citado 2026 Oct 26]. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/stroke

  2. Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2023 [Internet]. México: INEGI; 2024 [citado 2026 Oct 26]. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2024/EDR/EDR2023_Dtivas.pdf

  3. American Stroke Association. Stroke symptoms and warning signs [Internet]. Dallas: American Heart Association. Disponible en: https://www.stroke.org/about-stroke/stroke-symptoms

Blogs recomendados
25 de noviembre de 2025

Pulmonarom® activa todas las células del sistema inmune por lo que brinda protección completa frente a las IRA

Pulmonarom® es un lisado bacteriano que potencia la inmunidad innata y mejora la defensa frente a las IRA, ofreciendo una protección del 95–98% y reduciendo su duración, gravedad y recurrencia.

15 de enero de 2025

Virus Sincitial Respiratorio (VSR)

Artículo informativo que aborda el impacto del Virus Sincitial Respiratorio en la salud infantil y presenta a Nirsevimab como una estrategia innovadora de prevención. Se revisan datos epidemiológicos, mecanismo de acción, evidencia clínica, resultados en vida real y criterios de selección de pacientes, destacando su potencial para transformar la prevención del VSR en México.