La medicina moderna enfrenta un reto crítico: el riñón se sigue diagnosticando tarde. La creatinina —el marcador tradicional del deterioro renal— ofrece una ventana diagnóstica estrecha y tardía; se eleva hasta que más del 40–50% de la función renal ya está comprometida. En el contexto actual de pacientes complejos, multimórbidos y expuestos a agresiones renales repetidas (infecciones, sepsis, nefrotóxicos, cirugía mayor), esperar a la creatinina implica perder oportunidades de intervención temprana.
Hoy, entender y detectar la lesión renal subclínica ya no es opcional: es un estándar emergente en nefrología, cuidados críticos, cardiología, medicina interna y perioperatoria. Este blog presenta nuevos biomarcadores, algoritmos de diagnóstico temprano y herramientas aplicables en la práctica clínica que permiten detectar daño renal antes de que la creatinina cambie y actuar con precisión.
La brecha diagnóstica: por qué la creatinina ya no es suficiente
La creatinina es útil para evaluar función renal, pero no mide daño. Su cinética lenta, la dependencia de masa muscular, hidratación, edad y sexo, y su pobre sensibilidad en etapas iniciales, convierten a este marcador en un indicador tardío.
En contraste, la lesión renal subclínica (subclinical AKI) representa un estado en el que hay daño tubular demostrado por biomarcadores, pero con creatinina y diuresis aún normales. Este concepto, sustentado por estudios recientes en AKI y CKD, ha revolucionado nuestro entendimiento del “continuo de daño renal”.
Herramientas actuales de diagnóstico temprano: del laboratorio a la cabecera A continuación se enlistan y describen de forma práctica los biomarcadores validados y con respaldo clínico que permiten detectar daño tubular horas o días antes de que la creatinina cambie.
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NGAL (Neutrophil Gelatinase–Associated Lipocalin)
Qué detecta: daño tubular agudo muy temprano.
Ventana diagnóstica: puede elevarse en 2–6 horas tras la agresión renal.
Utilidad clínica:- Estratificación temprana en sepsis
- Predicción de AKI postquirúrgica
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Monitorización en pacientes con nefrotóxicos
Es uno de los biomarcadores más estudiados y aparece de manera consistente en guías de AKI en cuidados críticos
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TIMP-2 / IGFBP7
Qué detecta: estrés celular G1 del túbulo renal.
Ventana diagnóstica: identifica pacientes en riesgo de AKI 12–24 horas antes.
Utilidad clínica:- Decisión temprana de intervención (fluid stewardship, ajuste de fármacos, evitar nefrotóxicos)
- Priorización en UCI
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Evita intervenciones tardías basadas solo en creatinina
Es el primer biomarcador aprobado por FDA para detección temprana de riesgo de AKI.
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KIM-1 (Kidney Injury Molecule-1)
Qué detecta: daño tubular proximal.
Ventana diagnóstica: se eleva dentro de las primeras 24 horas.
Utilidad clínica:- Identificación de lesión tubular inducida por fármacos
- Diferenciación entre daño hemodinámico y estructural
- Seguimiento en nefropatías tóxicas
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IL-18
Qué detecta: inflamación tubular mediada por macrófagos.
Utilidad clínica:- Sepsis
- AKI asociado a ventilación mecánica
- Diferenciación entre AKI prerrenal vs intrínseca
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Cistatina C
Qué detecta: cambios más finos en filtración glomerular.
Ventaja clave:- Más estable frente a masa muscular y volumen
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Mejora el cálculo de eGFR en pacientes críticos
Aplicación: ideal para estratificación temprana en pacientes con riesgo cardiovascular y en ancianos.
Cómo integrar estos biomarcadores en la práctica clínica
La práctica clínica moderna exige algoritmos híbridos, combinando función + daño.
El modelo más utilizado es:
- Riesgo: cirugía mayor, sepsis, nefrotóxicos, IC aguda, deshidratación severa.
- Daño: NGAL, TIMP-2/IGFBP7, KIM-1, IL-18.
- Función: creatinina, diuresis, cistatina C.
Este modelo predice evolución, se adelanta al deterioro y guía intervenciones más precisas:
- Ajuste temprano de dosis de antibióticos
- Optimización hemodinámica dirigida a metas
- Suspensión preventiva de nefrotóxicos
- Estrategias de protección renal en perioperatorio
- Identificación de pacientes para seguimiento estrecho tras alta hospitalaria
Los estudios demuestran que integrar biomarcadores reduce AKI moderada-severa, estancia hospitalaria y mortalidad.
Nuevos tratamientos y aplicaciones clínicas emergentes
Aunque el manejo de AKI sigue basándose en estrategias de soporte, la detección temprana permite intervenciones más dirigidas:
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Optimización hemodinámica guiada por riesgo
Combinación de biomarcadores + monitorización dinámica de fluidos para evitar tanto hipoperfusión como sobrecarga. -
“De-risking” farmacológico temprano
Gracias al diagnóstico subclínico es posible:- Evitar AINES, IV contrastados o aminoglucósidos en el momento crítico
- Ajustar dosis de DOAC, antibióticos y quimioterapia
- Seleccionar alternativas menos nefrotóxicas
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Intervención antiinflamatoria y antioxidante temprano
Varios estudios investigan el uso de:- N-acetilcisteína optimizada
- Agentes antiinflamatorios selectivos renales
- Soporte mitocondrial dirigido
- Inhibidores de estrés oxidativo
Aunque no todos están disponibles en la práctica clínica, la detección subclínica permite seleccionar mejor a los candidatos. -
Protocolos de protección renal perioperatoria
El uso de TIMP-2/IGFBP7 y NGAL en cirugía cardíaca y abdominal mayor ha permitido:- Estratificación preoperatoria
- Intervención inmediata postoperatoria
- Reducción de AKI en pacientes de alto riesgo
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Vigilancia post-alta y prevención de CKD
AKI subclínica no detectada se asocia a progresión acelerada de CKD.
Los biomarcadores permiten:- Decidir quién requiere nefrología temprana
- Detectar daño persistente
- Ajustar estrategias de cardioprotección y nefroprotección a largo plazo
Aplicación práctica para el médico
¿Qué debería cambiar mañana en la consulta, quirófano o UCI?
- Utilizar biomarcadores en todo paciente con riesgo moderado o alto, incluso si la creatinina es normal.
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Considerar NGAL o TIMP-2/IGFBP7 en:
- Sepsis
- Cirugía mayor
- Shock cardiogénico
- Ventilación mecánico
- Exposición a nefrotóxicos
- Integrar cistatina C en la valoración de función renal fina.
- Realizar intervenciones precoces según el modelo FDR.
- Documentar lesión subclínica para seguimiento y prevención de CKD.
Conclusión
La lesión renal subclínica representa un punto de inflexión en la práctica médica moderna. Esperar a que la creatinina cambie es actuar tarde. Los nuevos biomarcadores —NGAL, TIMP-2/IGFBP7, KIM-1, IL-18 y cistatina C — permiten anticiparse al daño, intervenir antes y reducir complicaciones renales en pacientes complejos.
Hoy, la detección temprana ya no es una opción: es parte de la excelencia clínica, especialmente entre líderes de opinión y especialistas que buscan optimizar resultados y construir medicina verdaderamente preventiva.


