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30 de septiembre de 2026 Publicado por LiveMed Colaboración: Mtra. Luz Alejandra Cano Collado 16
Día Mundial del Corazón: la enfermedad cardiovascular puede estar oculta a simple vista

“No te pierdas ni un latido” es el llamado del Día Mundial del Corazón para recordar que millones de personas viven con factores de riesgo cardiovascular o con enfermedad cardiovascular sin saberlo. La ausencia de síntomas no equivale a ausencia de enfermedad: la hipertensión arterial, la dislipidemia, la diabetes y la aterosclerosis pueden evolucionar durante años antes de producir manifestaciones clínicas.

Cada 29 de septiembre, el Día Mundial del Corazón busca fortalecer la prevención y el control de las enfermedades cardiovasculares (ECV), que continúan representando una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial. La identificación temprana de factores de riesgo y de daño cardiovascular permite intervenir antes de que ocurra un evento mayor, como infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardiaca.

Cuando la enfermedad cardiovascular no da señales

Uno de los principales retos en la práctica clínica es que algunas de las condiciones que incrementan el riesgo cardiovascular pueden permanecer silenciosas durante largos periodos.

La hipertensión arterial, por ejemplo, frecuentemente cursa sin síntomas específicos, a pesar de producir daño progresivo en órganos blanco. De manera similar, las alteraciones del perfil lipídico pueden permanecer inadvertidas hasta que la enfermedad aterosclerótica se manifiesta clínicamente.

Por ello, la valoración del riesgo cardiovascular no debe depender exclusivamente de la presencia de síntomas. En atención primaria es fundamental identificar oportunamente:

  • Hipertensión arterial.

  • Dislipidemia.

  • Diabetes y alteraciones del metabolismo de la glucosa.

  • Obesidad y adiposidad visceral.

  • Tabaquismo.

  • Inactividad física.

  • Antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura.

  • Enfermedad renal crónica.

  • Enfermedades inflamatorias crónicas.

  • Antecedentes de enfermedad cardiovascular establecida.

La combinación de estos factores puede incrementar de manera importante el riesgo de eventos cardiovasculares, incluso en personas que actualmente se consideran asintomáticas.

No todos los eventos cardiovasculares aparecen de la misma manera

El reconocimiento de los síntomas de alarma continúa siendo indispensable. El dolor o molestia torácica, la disnea, la diaforesis, las náuseas, el síncope o el deterioro súbito de la tolerancia al esfuerzo pueden formar parte de la presentación de una enfermedad cardiovascular aguda.

Sin embargo, la presentación clínica puede ser menos típica en determinados grupos de población. Las personas mayores y quienes viven con diabetes, por ejemplo, pueden presentar manifestaciones atípicas o incluso síntomas menos evidentes durante un evento coronario.

Por ello, ante una sospecha clínica, la evaluación debe integrar síntomas, factores de riesgo, antecedentes, exploración física y estudios complementarios, en lugar de descartar enfermedad cardiovascular únicamente por la ausencia de un cuadro clínico clásico.

La prevención cardiovascular comienza antes del primer evento

Prevenir la enfermedad cardiovascular no significa únicamente evitar un infarto. Implica intervenir sobre los mecanismos y factores que favorecen la progresión de la aterosclerosis y el daño cardiovascular.

La evaluación clínica permite identificar personas que pueden beneficiarse de intervenciones específicas sobre:

Presión arterial. La detección y el control adecuado de la hipertensión reducen el riesgo de complicaciones cardiovasculares y cerebrovasculares.

Lípidos. La identificación de concentraciones elevadas de colesterol LDL permite establecer estrategias para disminuir la exposición acumulada a partículas aterogénicas.

Glucemia. La identificación de diabetes y alteraciones del metabolismo de la glucosa es fundamental debido a su asociación con un mayor riesgo cardiovascular.

Tabaquismo. El consumo de tabaco constituye un factor modificable estrechamente relacionado con enfermedad aterosclerótica y eventos cardiovasculares.

Peso y composición corporal. El exceso de adiposidad se relaciona con hipertensión, resistencia a la insulina, dislipidemia y otros mecanismos que favorecen el riesgo cardiovascular.

Actividad física y alimentación. Estas intervenciones forman parte del abordaje integral de los factores de riesgo y deben individualizarse de acuerdo con las características clínicas de cada persona.

Detectar de manera oportuna

El abordaje cardiovascular en el primer nivel de atención no debe limitarse a responder ante la aparición de síntomas. La consulta representa una oportunidad para realizar una evaluación sistemática del riesgo cardiovascular, identificar factores modificables y establecer seguimiento.

La medición correcta de la presión arterial, la evaluación del perfil lipídico, la detección de diabetes, la valoración antropométrica y la identificación de antecedentes personales y familiares pueden revelar un riesgo que no es evidente para la persona.

Cuando existe sospecha de enfermedad cardiovascular o un riesgo elevado, la evaluación puede requerir estudios adicionales, como electrocardiograma, pruebas de laboratorio, evaluación de función renal, estudios de imagen cardiovascular u otras herramientas diagnósticas, de acuerdo con la presentación clínica y las recomendaciones de las guías vigentes.

El lema “Heart Disease can hide in plain sight: Don’t miss a beat” pone el foco en una realidad clínica: la enfermedad cardiovascular puede estar presente antes de que el paciente reconozca que existe un problema.

Para el personal de salud, esto significa mantener un alto índice de sospecha ante factores de riesgo, reconocer presentaciones clínicas diversas y aprovechar cada contacto con el sistema sanitario para identificar enfermedad cardiovascular o riesgo cardiovascular elevado.

La prevención de millones de muertes prematuras por enfermedades cardiovasculares requiere actuar antes del primer evento, no solamente después de que ocurre.

Mensajes clave

  • La enfermedad cardiovascular puede permanecer asintomática durante años.

  • La ausencia de síntomas no descarta hipertensión, dislipidemia, diabetes o enfermedad aterosclerótica.

  • La evaluación del riesgo cardiovascular debe formar parte de la atención preventiva, particularmente en personas con factores de riesgo.

  • El reconocimiento de síntomas de alarma y de presentaciones clínicas atípicas es fundamental para evitar retrasos diagnósticos.

  • El control de los factores de riesgo puede reducir la incidencia de eventos cardiovasculares y sus complicaciones.

  • La detección oportuna permite intervenir antes de que la enfermedad cardiovascular se manifieste como un evento mayor.


El tratamiento debe individualizarse de acuerdo con la evaluación clínica, las comorbilidades, las características de la persona y las guías de práctica clínica vigentes.

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