La adolescencia representa una etapa crítica para la construcción de la salud. Entre los 10 y 19 años ocurren cambios físicos, cognitivos y psicosociales que influyen en la manera en que las personas toman decisiones, establecen relaciones y desarrollan conductas que pueden proteger o comprometer su bienestar presente y futuro. Esta entrada hace énfasis en adolescentes de 15 a 19 años, grupo en el que adquieren particular relevancia la salud mental, sexual y reproductiva, el consumo de sustancias, la alimentación, la actividad física y otros factores relacionados con el entorno.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que una proporción importante de los problemas de salud durante la adolescencia puede prevenirse o tratarse. Sin embargo, existen barreras específicas para acceder a los servicios, entre ellas el costo, la distancia, el estigma, los prejuicios y la falta de confidencialidad. Por ello, la consulta preventiva constituye una oportunidad para identificar necesidades de salud antes de que se manifiesten como enfermedad o complicaciones.
La consulta preventiva: una oportunidad para evaluar más allá del crecimiento
La atención de las y los adolescentes no debería limitarse a registrar peso, talla, presión arterial o estado de vacunación. Una evaluación integral requiere explorar también aspectos emocionales, conductuales, sexuales, nutricionales y sociales.
En esta etapa es especialmente importante generar un espacio de atención que favorezca la comunicación directa con el adolescente. La privacidad, la escucha activa y un trato libre de juicios pueden facilitar que se expresen problemas que difícilmente surgirían en una consulta centrada exclusivamente en el motivo inicial.
La entrevista individual, cuando sea apropiada, permite explorar temas sensibles como salud mental, sexualidad, consumo de sustancias, violencia o relaciones interpersonales. La confidencialidad debe explicarse claramente al inicio de la consulta, incluyendo sus límites cuando exista riesgo para la integridad del adolescente o de otras personas.
¿Sabía que...?
La mitad de los trastornos mentales que aparecen en la edad adulta comienzan antes de los 18 años. Sin embargo, muchos no se detectan ni reciben tratamiento durante la adolescencia. En adolescentes de 15 a 19 años, aproximadamente 5.3% presenta trastornos de ansiedad y 3.4% depresión, de acuerdo con estimaciones de la OMS.
Salud mental: detectar antes de que aparezca una crisis
La salud mental debe formar parte de la evaluación rutinaria de las y los adolescentes y no abordarse únicamente cuando existe un diagnóstico previo.
La OMS estima que aproximadamente uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años presenta algún trastorno mental. Entre los problemas más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad, la depresión y los trastornos del comportamiento. Además, muchas condiciones de salud mental que aparecen durante la adolescencia pueden tener repercusiones durante la vida adulta.
En la consulta, algunas señales que justifican una exploración más profunda incluyen:
- Cambios persistentes en el estado de ánimo
- Irritabilidad o retraimiento social
- Alteraciones importantes del sueño
- Deterioro académico o abandono de actividades habituales
- Cambios marcados en la alimentación o en la imagen corporal
- Consumo de alcohol, nicotina u otras sustancias
- Conductas de riesgo
- Autolesiones o referencias a desesperanza, muerte o suicidio
- Exposición a violencia, acoso o situaciones familiares adversas
La identificación de una señal de alarma no equivale por sí misma a establecer un diagnóstico. Debe conducir a una valoración clínica proporcional al riesgo y, cuando corresponda, a la intervención o referencia oportuna.
También es importante preguntar por factores protectores: vínculos familiares y sociales, actividades significativas, redes de apoyo, capacidad para afrontar problemas y acceso a personas de confianza. La prevención en salud mental no consiste solamente en detectar enfermedad, sino también en fortalecer condiciones que favorezcan el bienestar.
Salud sexual y reproductiva: preguntar también es parte de la atención
La salud sexual constituye otro componente esencial de la evaluación integral. Evitar preguntar sobre sexualidad por incomodidad o por asumir que el adolescente no tiene actividad sexual puede representar una oportunidad perdida de prevención.
La entrevista debe adaptarse a la edad, desarrollo y contexto de cada persona, y puede incluir aspectos como:
- Prácticas sexuales y uso de métodos de barrera
- Prevención y diagnóstico de infecciones de transmisión sexual
- Anticoncepción y prevención del embarazo no planeado
- Consentimiento y relaciones saludables
- Violencia sexual o de pareja
- Dudas relacionadas con orientación sexual, identidad y expresión de género
El objetivo no es realizar un interrogatorio estandarizado, sino generar un espacio clínico donde el adolescente pueda plantear preguntas y recibir información basada en evidencia.
Salud física: más allá del peso y la talla
La valoración física continúa siendo fundamental durante la adolescencia. Además de crecimiento y desarrollo, es pertinente considerar presión arterial, estado de vacunación, salud bucal, actividad física, sueño, alimentación, consumo de sustancias y factores de riesgo para enfermedades crónicas.
La actividad física merece especial atención. La OMS recomienda un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa a lo largo de la semana, incluyendo actividades que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana.
El sueño también debe formar parte de la historia clínica. Los horarios escolares, las actividades académicas, el uso nocturno de dispositivos electrónicos, el consumo de cafeína y otros factores pueden alterar el descanso y repercutir sobre el estado de ánimo, la atención y el rendimiento.
Alimentación y suplementación: individualizar la intervención
La adolescencia se caracteriza por importantes requerimientos de energía y nutrientes relacionados con el crecimiento y desarrollo. Por ello, la valoración nutricional debe considerar la calidad y suficiencia de la alimentación, pero también el contexto económico, familiar, cultural y social en el que se alimenta cada adolescente.
Una evaluación clínica puede identificar dietas restrictivas, omisión frecuente de comidas, inseguridad alimentaria, prácticas destinadas a modificar el peso corporal, conductas compatibles con trastornos de la conducta alimentaria o condiciones clínicas que incrementen el riesgo de deficiencias.
El principio es sencillo: los suplementos pueden complementar una estrategia nutricional cuando existe una necesidad identificada, pero no sustituyen una alimentación adecuada ni deben utilizarse de manera indiscriminada.
Perla de salud
La indicación de la suplementación alimenticia debe individualizarse de acuerdo con la historia clínica, alimentación, factores de riesgo, hallazgos de la exploración y, cuando corresponda, resultados de estudios de laboratorio.
Comentarios finales
La atención de las y los adolescentes representa mucho más que vigilar crecimiento y desarrollo. Entre los 15 y 19 años existe una oportunidad particularmente importante para identificar tempranamente problemas de salud mental, necesidades de salud sexual y reproductiva, factores de riesgo físicos y alteraciones relacionadas con alimentación, actividad física y sueño.
Para el profesional de la salud, incorporar estas dimensiones a la consulta no significa necesariamente realizar una evaluación extensa en cada encuentro, sino desarrollar una práctica clínica capaz de preguntar, escuchar, identificar riesgos, intervenir oportunamente y establecer rutas de seguimiento o referencia cuando sea necesario.
Una adolescencia saludable no depende únicamente de la ausencia de enfermedad. Requiere condiciones que permitan desarrollar capacidades, establecer relaciones seguras, tomar decisiones informadas y acceder a servicios de salud oportunos, respetuosos y adecuados a las necesidades de cada persona.
Bibliografía recomendada
- World Health Organization. Adolescent health. Geneva: WHO; 2026. Disponible en: https://www.who.int/health-topics/adolescent-health
- World Health Organization. Adolescent mental health. Geneva: WHO; 2025. Disponible en: https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health
- World Health Organization. Recommendations on adolescent sexual and reproductive health and rights. Geneva: WHO; 2018. Disponible en: https://iris.who.int/bitstreams/83352282-fc47-4024-b0b8-f49af9055be6/download
- World Health Organization. Guideline: implementing effective actions for improving adolescent nutrition. Geneva: WHO; 2018. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789241513708
- Secretaría de Salud. Modelo de Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva para Adolescentes (MAISSRA). Ciudad de México: Gobierno de México. Disponible en: https://www.gob.mx/salud/acciones-y-programas/modelo-de-atencion-integral-en-salud-sexual-y-reproductiva-para-adolescentes
- World Health Organization. Physical activity. Geneva: WHO; 2026. Disponible en: https://www.who.int/health-topics/physical-activity


