La temporada invernal representa un periodo crítico para múltiples enfermedades dermatológicas en el continente americano. Las bajas temperaturas, la disminución de la humedad ambiental, el uso prolongado de calefacción, así como cambios en los hábitos de higiene y fotoprotección, favorecen la exacerbación de dermatosis inflamatorias crónicas y el aumento de patologías cutáneas de novo. Para el médico especialista, comprender estos patrones estacionales no solo permite anticipar recaídas, sino también optimizar estrategias terapéuticas individualizadas, alineadas con las directrices actuales basadas en evidencia.
Panorama epidemiológico y fisiopatológico
Durante el invierno se observa una disrupción significativa de la función barrera cutánea, caracterizada por disminución de lípidos epidérmicos, aumento de la pérdida transepidérmica de agua y alteraciones del microbioma cutáneo. Estos cambios explican el aumento de brotes inflamatorios, prurito persistente y menor respuesta a tratamientos convencionales en ciertos pacientes.
Estudios epidemiológicos recientes en Norte, Centro y Sudamérica coinciden en un incremento estacional de consultas dermatológicas, particularmente por dermatosis inflamatorias crónicas, infecciones cutáneas y trastornos xeróticos, con impacto relevante en calidad de vida y consumo de recursos sanitarios.
Dermatosis invernales de mayor prevalencia y exacerbación
- Dermatitis atópica (DA)
El invierno es uno de los principales detonantes de exacerbaciones moderadas a graves. La sequedad cutánea, el prurito intenso y la mayor colonización por Staphylococcus aureus condicionan recaídas frecuentes.
Actualización terapéutica relevante:- Uso temprano de inhibidores de JAK tópicos en brotes localizados.
- Biológicos sistémicos (dupilumab, tralokinumab) en pacientes con recaídas invernales recurrentes.
- Estrategias proactivas con emolientes médicos enriquecidos con ceramidas y lípidos fisiológicos.
- Psoriasis
La reducción de la exposición solar y el aumento del estrés sistémico durante el invierno se asocian con mayor actividad inflamatoria y extensión de placas.
Nuevas directrices de manejo:- Optimización del tratamiento sistémico con biológicos dirigidos a IL-17 e IL-23, incluso en pacientes previamente controlados.
- Uso racional de fototerapia UVB de banda estrecha como complemento en centros especializados.
- Abordaje integral del riesgo cardiometabólico asociado.
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Dermatitis seborreica
Clásicamente exacerbada en climas fríos, con predominio en cuero cabelludo y región facial.
Estrategias actuales:- Antifúngicos tópicos de nueva generación combinados con antiinflamatorios no esteroideos.
- Uso intermitente de moduladores inmunológicos tópicos para mantenimiento prolongado.
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Xerosis cutánea y eccema asteatósico
Frecuente en adultos mayores y pacientes con comorbilidades metabólicas o renales.
Abordaje clínico actualizado:- Sustitución del concepto de “humectación cosmética” por reparación activa de la barrera cutánea.
- Emolientes terapéuticos con urea, lactato de amonio o niacinamida según fenotipo cutáneo.
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Infecciones cutáneas invernales
El invierno favorece infecciones bacterianas superficiales, tiñas y reactivaciones virales (herpes simple y zóster).
Puntos clave para el especialista:- Diagnóstico temprano diferencial con dermatosis inflamatorias.
- Uso dirigido de antimicrobianos tópicos o sistémicos, evitando sobretratamiento.
- Consideración del estado inmunológico del paciente.
| Grupo terapéutico | Aplicación clínica relevante |
|---|---|
| Inhibidores de JAK (tópicos y sistémicos) | Dermatitis atópica moderada, prurito refractario |
| Biológicos dirigidos (IL-4, IL-13, IL-17, IL-23) | Psoriasis y dermatitis atópica con exacerbaciones estacionales |
| Emolientes con tecnología biomimética | Prevención de recaídas invernales |
| Fototerapia UVB optimizada | Psoriasis y dermatitis crónica seleccionada |
| Antiinflamatorios no esteroideos tópicos | Manejo prolongado sin efectos secundarios |
Implicaciones prácticas para el médico especialista
- Anticipar exacerbaciones estacionales permite ajustes terapéuticos proactivos, reduciendo recaídas y consultas no programadas.
- El invierno es un periodo clave para revalorar adherencia, comorbilidades y respuesta a largo plazo.
- La incorporación temprana de terapias avanzadas mejora resultados clínicos y satisfacción del paciente, sin comprometer seguridad.
Conclusiones
Las dermatosis invernales representan un desafío clínico recurrente, pero también una oportunidad para implementar medicina dermatológica de precisión. La actualización constante en terapias dirigidas, junto con un enfoque integral del paciente, posiciona al médico especialista como actor clave en la optimización del manejo cutáneo estacional.


