El sarampión, una de las enfermedades virales más contagiosas conocidas, había sido considerado un problema de salud pública controlado en México gracias a décadas de programas de inmunización sistemática. Sin embargo, a partir de 2025 se ha observado un repunte sostenido de casos que se ha prolongado durante 2026, configurando un escenario epidemiológico que demanda una respuesta clínica y sanitaria inmediata. Este resurgimiento ha motivado la emisión de alertas epidemiológicas nacionales e internacionales, así como el reforzamiento de los sistemas de vigilancia y control, colocando nuevamente al sarampión como una patología de alta relevancia para la práctica médica cotidiana.
Epidemiología del resurgimiento del sarampión en México.
Desde la identificación de un primer caso importado en febrero de 2025, México ha documentado un brote de sarampión con expansión progresiva que ha alcanzado a las 32 entidades federativas. Al corte de febrero de 2026, la cifra acumulada supera los >8,500 casos confirmados, con más de 27 defunciones asociadas, concentrándose principalmente en los estados de Chihuahua, Jalisco, Chiapas, Michoacán, Guerrero y Sinaloa.
La mayor incidencia se observa en el grupo etario de niños de 1 a 4 años, seguido por menores de 5 a 9 años y, de manera relevante, adultos jóvenes, lo que pone en evidencia brechas persistentes en la cobertura vacunal y una protección inmunológica insuficiente en cohortes específicas. En este contexto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha emitido una alerta epidemiológica regional, exhortando a intensificar la vigilancia, mejorar la cobertura de vacunación y garantizar una respuesta rápida ante casos sospechosos, dada la magnitud del incremento observado en la región de las Américas.
Mecanismos de transmisión y factores asociados al resurgimiento
El virus del sarampión se transmite principalmente por gotículas respiratorias y aerosoles generados al toser, estornudar o hablar, con una eficiencia de contagio excepcional en poblaciones susceptibles. Su elevado índice de transmisibilidad (R0 > 12) explica la rapidez con la que se propaga en escenarios donde existen fallas en la inmunidad colectiva.
Entre los principales factores que han contribuido a su reemergencia destacan la disminución de las tasas de vacunación, el retraso en esquemas completos de la vacuna triple viral (SRP) y la movilidad transfronteriza, particularmente en zonas con circulación activa del virus en países vecinos. Estos elementos han favorecido la reintroducción del virus y su diseminación comunitaria.
Cuadro clínico específico y signos sugerentes para el diagnóstico temprano
Fase prodrómica
El periodo de incubación suele oscilar entre 8 y 12 días tras la exposición. Durante esta fase inicial, los pacientes presentan síntomas inespecíficos que requieren un alto índice de sospecha clínica:
- Fiebre alta persistente
- Tos seca e intensa
- Rinorrea y congestión nasal
- Conjuntivitis bilateral, frecuentemente acompañada de fotofobia y lagrimeo
Manifestaciones clínicas características
El exantema aparece generalmente entre 7 y 18 días después de la exposición (media de 14 días), marcando la fase clínica más reconocible de la enfermedad:
- Manchas de Koplik: lesiones puntiformes blanquecinas en la mucosa bucal, altamente sugestivas y de gran valor diagnóstico en etapas tempranas.
- Exantema maculopapular: inicia en cara y región retroauricular, con progresión cefalocaudal y centrífuga.
- Síntomas generales asociados: mialgias, malestar general, anorexia y fatiga marcada.
Complicaciones a vigilar
El sarampión puede evolucionar hacia complicaciones graves, particularmente en poblaciones vulnerables:
- Neumonía (viral primaria o sobreinfección bacteriana)
- Encefalitis y otras manifestaciones neurológicas
- Otitis media y complicaciones otorrinolaringológicas
Herramientas diagnósticas en la consulta diaria
El diagnóstico temprano tiene un impacto directo tanto en el pronóstico individual como en el control de brotes comunitarios.
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Evaluación clínica y sospecha epidemiológica
Debe considerarse sarampión ante todo paciente con fiebre elevada, exantema y síntomas respiratorios o conjuntivales, especialmente si reside o ha estado en zonas con transmisión activa o ha tenido contacto con un caso confirmado. -
Confirmación por laboratorio
- RT-PCR en exudado nasofaríngeo y orofaríngeo: método de elección para la detección directa del virus en fase aguda.
- Serología (IgM específica): útil para confirmación retrospectiva, aunque su positivización puede ser tardía.
- Biometría hemática: la presencia de leucopenia y linfopenia puede apoyar la sospecha diagnóstica.
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Notificación y vigilancia epidemiológica
Todo caso sospechoso debe notificarse de forma inmediata a las autoridades sanitarias, activando protocolos de aislamiento, rastreo de contactos y búsqueda activa de casos secundarios.
Manejo clínico y tratamiento actual
Actualmente no existe un tratamiento antiviral específico para el sarampión; el abordaje es fundamentalmente de soporte y preventivo, orientado a reducir complicaciones:
- Hidratación adecuada y control de la fiebre.
- Reposo y vigilancia estrecha del estado general.
- Uso de paracetamol para el manejo de fiebre y malestar, evitando la automedicación.
- Vitamina A: dos dosis con intervalo de 24 horas, recomendada en todos los casos confirmados, especialmente en niños, por su impacto en la reducción de complicaciones y mortalidad.
- Antibióticos: indicados únicamente ante evidencia de complicaciones bacterianas, como neumonía u otitis media.
La profilaxis posexposición está indicada en situaciones de brote o en personas no protegidas tras contacto con casos confirmados. Es efectiva si se administra dentro de los primeros 3 días posteriores a la exposición. En embarazadas e individuos inmunodeprimidos susceptibles, se recomienda una dosis de inmunoglobulina polivalente (0.5 ml/kg; dosis máxima 15 ml) hasta 6 días después del contacto.
Las directrices internacionales (OMS, CDC, AAP) y nacionales (IMSS y Secretaría de Salud) establecen que el paciente con sarampión debe mantenerse en aislamiento respiratorio durante al menos 4 días posteriores a la aparición del exantema.
Atención integral y aplicación clínica diaria
En el contexto actual, el médico —general, pediatra o especialista en enfermedades infecciosas— desempeña un papel central al:
- Mantener una alta sospecha diagnóstica ante cuadros febriles exantemáticos.
- Priorizar la toma de muestras diagnósticas y la notificación inmediata.
- Verificar y promover esquemas completos de vacunación en poblaciones susceptibles.
- Identificar oportunamente signos de alarma que ameriten referencia hospitalaria.
Conclusiones
El resurgimiento del sarampión en México representa un reto clínico y epidemiológico de gran magnitud. Para la comunidad médica, implica reforzar las capacidades diagnósticas, cerrar brechas de inmunización y consolidar protocolos de manejo oportuno y seguimiento estrecho. Más allá del desafío, este escenario ofrece la oportunidad de fortalecer la respuesta sanitaria mediante decisiones clínicas sustentadas en evidencia actualizada y herramientas diagnósticas aplicables en la práctica diaria.


